The pandemic and the shortage of plastic raw materials have affected the sector. However, the T-Mec could tip the balance in Mexico's favor in the long term.
La robótica industrial dejó de ser una tecnología exclusiva de las grandes plantas automotrices de los países más industrializados. Hoy, empresas manufactureras de América Latina evalúan e implementan robots para mejorar su productividad, la calidad de sus productos y la seguridad de sus trabajadores. Sin embargo, el nivel de adopción en la región sigue siendo bajo en comparación con Asia, Europa o Norteamérica.
La mayor parte de los robots instalados en la región se concentra en pocos países y en pocos sectores. La industria automotriz y de autopartes es la principal usuaria, seguida por la de alimentos y bebidas, la de plásticos y la metalmecánica. Las aplicaciones más frecuentes son la soldadura, la manipulación de materiales, el paletizado, el empaque y la pintura.
En muchos casos, los robots llegan a las plantas como parte de líneas de producción completas suministradas por fabricantes de maquinaria, más que como proyectos de automatización desarrollados por la propia empresa.
Varias tendencias están reduciendo esas barreras. Los robots colaborativos, diseñados para trabajar junto a las personas sin grandes cerramientos, son más fáciles de programar y de reubicar. Los precios de los equipos han disminuido, y existe una oferta creciente de integradores locales. Además, las herramientas de simulación permiten evaluar un proyecto antes de invertir.
La presión por competir en mercados globales, cumplir normas de calidad más estrictas y enfrentar la rotación de personal en tareas repetitivas también impulsa a las empresas a considerar la robótica.
Las perspectivas para la robótica industrial en la región son positivas, aunque el crecimiento dependerá de la formación de talento, del acceso a financiamiento y de políticas que apoyen la modernización de la pequeña y mediana industria. La colaboración entre universidades, centros tecnológicos y empresas será clave para que la automatización se traduzca en más competitividad y en empleos de mayor calidad, no solo en reemplazo de mano de obra.