The pandemic and the shortage of plastic raw materials have affected the sector. However, the T-Mec could tip the balance in Mexico's favor in the long term.
En las entregas anteriores revisamos el concepto de excelencia operacional y las herramientas que suelen acompañarla, como lean manufacturing, seis sigma y el mantenimiento productivo total. En esta tercera parte abordamos el reto que más empresas enfrentan: no se trata solo de mejorar, sino de sostener la mejora en el tiempo.
Es común que una empresa lance un programa de mejora con entusiasmo, obtenga resultados rápidos en algunos procesos y, al cabo de unos meses, vuelva a sus antiguas prácticas. Las causas suelen repetirse:
La excelencia operacional no se delega. Los líderes deben estar presentes en el lugar donde se crea valor, escuchar a los equipos, hacer preguntas y eliminar obstáculos. Su comportamiento diario envía un mensaje más fuerte que cualquier presentación: si el gerente revisa los tableros de indicadores y participa en la solución de problemas, el resto de la organización entiende que la mejora es parte del trabajo y no una actividad adicional.
El trabajo estandarizado es la base de la mejora sostenible. Cuando una forma de trabajar ha demostrado ser mejor, debe documentarse, enseñarse y auditarse. El estándar no es una camisa de fuerza, sino el punto de partida para la siguiente mejora. Sin estándar, cada turno trabaja a su manera y los avances se pierden.
Los indicadores deben ser pocos, relevantes y visibles. Seguridad, calidad, entrega, costo y moral del personal son dimensiones habituales. La gestión visual, con tableros en las áreas de trabajo, permite que cualquier persona sepa si el proceso está en condición normal o anormal y actúe rápidamente.
Finalmente, la excelencia operacional se sostiene cuando todos entienden para quién trabajan. Cada proceso tiene un cliente, interno o externo, y la mejora tiene sentido en la medida en que entrega más valor a ese cliente. Formar a las personas en solución de problemas, reconocer sus aportes y convertir los errores en oportunidades de aprendizaje son prácticas que transforman un programa en una cultura.
En la próxima entrega profundizaremos en cómo medir la madurez de una organización en su camino hacia la excelencia operacional.