Aunque los gases de nueva generación son una buena apuesta, la actualización de los equipos es fundamental para un mejor rendimiento.
La destrucción de la capa de ozono, el cambio climático por el calentamiento global y últimamente el surgimiento de nuevas amenazas biológicas, han logrado hacer que nos replanteemos desde hace años la necesidad de cambiar nuestros sistemas productivos, al demostrarse que las acciones antropogénicas son las principales causantes del deterioro ecológico con consecuencias catastróficas para la vida.
Desde que se comprobó la injerencia de los clorofluorocarbonos (CFC), gases sintéticos, en la destrucción de la capa de ozono, el mundo entendió la necesidad de llegar a un acuerdo, el Protocolo de Montreal firmado en 1987, donde se estableció el paulatino desuso de estos gases y posteriormente de otros con moléculas de cloro y flúor como lo son los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) e hidrofluorocarbonos (HFC) que también desgastan la capa de ozono en menor medida.
Estos gases se han empleado como refrigerantes, propelentes para aerosoles y para la producción de espumas plásticas, entre otros usos. En este renglón, la industria de la refrigeración ha tenido una participación fundamental, al ser de las primeras en sustituir los gases de agotamiento de la capa de ozono y posteriormente buscar alternativas de menor potencial de calentamiento global.
Carlos Nunes e Silva, Regional Manager de Johnson Controls, explica que actualmente el sector ofrece al mercado una nueva generación de gases refrigerantes naturales con un bajo impacto ambiental que sustituyen con gran eficiencia los gases sintéticos los cuales se ha decretado su salida del mercado mediante un calendario establecido en el Protocolo de Montreal.
Los gases naturales que sustituyen a los sintéticos son el amoniaco (NH3), el dióxido de carbono (CO2) y los hidrocarburos (HC) en especial el propano, y en algunos casos agua, aire y propileno. Estos gases tienen un fuerte impulso en los Estados Unidos gracias las nuevas regulaciones ambientales por parte de la Agencia de Protección Ambiental y así como de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) en la Unión Europea.
Los gases naturales se encuentran en el medio ambiente y no dañan la capa de ozono.
Aunque los gases naturales presentan excelentes cualidades como refrigerantes, conllevan riesgos de seguridad: como la toxicidad e inflamabilidad en el caso de los hidrocarburos, por eso los tanques que los contienen deben fabricarse e instalarse con rigores establecidos de acuerdo las características de cada gas.
“El amoniaco, el dióxido de carbono y el propano, son empleados ampliamente en varias industrias –asegura el representante de Johnson Controls- su costo es de una fracción de los refrigerantes sintéticos, además que es posible reciclarlos.” Lo anterior son amplias ventajas con relación a soluciones pasadas, aunado que con ellos se pueden conseguir temperaturas de hasta -100 grados centígrados.
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Luis Becerra Navarro, gerente nacional comercial en Trane Technologies, explica que, además de los gases naturales empleados como refrigerantes, a la par hay desarrollo tecnológico en equipo de refrigeración y aire acondicionado para el sector industrial, comercial y residencial que ayuda a las organizaciones a ser más ecológicas y sustentables.